Nos indigna la insensibilidad hacia los ciudadanos por parte de los partidos en la asignación de presupuesto para la elección del 2018

Creemos que el financierismo y sus politiqueros, determinan las decisiones políticas, ningún partido nacional genera propuestas para que se recupere la clase media y enfrentar la salvaje concentración de riqueza.

En Vía Radical observamos con indignación cómo la injusta repartición de la riqueza en todos los aspectos de la vida social y política de nuestro país queda de manifiesto, el ejemplo más reciente es la infame cantidad de recursos públicos para los nueve partidos nacionales y candidatos independientes en el marco del proceso electoral de 2018. Los casi 7,000 millones de pesos asignados contrastan demasiado con los 80,000 millones de pesos que sufrirá de recorte el presupuesto federal anunciado para el próximo año.

La asignación de recursos para los partidos políticos deviene de un órgano que se encuentra facultado por ley para realizar tal distribución, sin embargo, quien le otorga los recursos al Instituto Nacional Electoral es el Congreso Federal, los partidos políticos designan el dinero que ellos mismos recibirán, es decir, son juez y parte.

Desde Vía radical creemos que la raíz del problema no es únicamente cuánto dinero se otorgue a los partidos políticos sino que las instituciones político-electorales se encuentran en una crisis extrema de legitimidad, cuestionados y degradados en imagen.

Nosotros como fuerza política estatal no recibiremos un solo peso de esa cantidad planteada, con lo cual estamos de acuerdo porque sostenemos que se puede hacer política con austeridad, creatividad y siempre en relación directa con la ciudadanía.

Igualmente estamos conscientes que existen en nuestro país y en nuestra entidad necesidades que requieren mayor atención, tales como, salud, educación, ciencia, energías alternas, y recuperar la capacidad de desarrollo de una clase media que ha sido abandonada por estos mismos partidos, que hoy, en una falta terrible de sensibilidad hacia los ciudadanos se reparten una cantidad absurda de recursos públicos.

Es necesario fortalecer las instituciones democráticas, el verdadero problema no radica en el monto de los recursos asignados, sino su uso de manera eficiente y transparente, pero sobre todo debe medirse sí tal gasto realmente contribuye a generar mejores espacios democráticos que incidan en la vida cotidiana de los ciudadanos.